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Terra
La Coctelera

Tengo la camisa grande

La camisa no me llega al cuerpo. Sólo pensar que tendré que examinarme de todas las lingüísticas en septiembre la moral se me va al suelo. Y eso, claro, en el caso de que las literaturas las apruebe, que tampoco hay garantías.

Hoy hemos tenido una de las famosas tutorías virtuales precisamente de lingüística. La propia tutora está escandalizada: por la enormidad de la materia exigida, por lo caóticamente que está presentada, por los conceptos que manejan y por la falta de información que ofrecen los señores del claustro de la asignatura. Equipo docente, dicen que se llama. Hace dos días publicaron una nota según la cual los criterios de evaluación cambian: se supone que ahora son más “suaves”. Pero estamos a mitad de curso y esto no se hace, entre otras cosas, porque muestran el grado de improvisación tan brutal que tienen. Imagino que es esta fuera una universidad presencia no se atreverían a hacerlo.

Hay gente que ya está hablando de denunciar esta situación, y alguna otra, al equipo de gobierno. Seguramente no es mala idea. Me pregunto si servirá de algo. También me pregunto si mi percepción de todos estos problemas no estará mediatizada por el rechazo por la materia, porque asquito ya le tengo, ya. Y eso que todos los días le dedico un rato, una hora u hora y media dependiendo del que tenga, con la secreta esperanza de que sirva de algo. Las gentes, amables, que me rodean me dicen que sí, que servirá, pero soy el que mejor conoce el grado de estupidez e incapacidad que tengo: es astronómica. En fin. Que por intentarlo que no quede.

Pero eso sí, la camisa no me llega al cuerpo.

P.D.: Escrito el tres de abril.

Alemanes

Que los alemanes son peculiares es algo que a nadie escapa; que mantienen grandes diferencias, en cuanto a ciertos conceptos de convivencia social, con los españoles es más que evidente.

Cuando llegué aquí, hace ahora un poquito más que un lustro, una de las primeras cosas que me sorprendieron fue la basura, la recogida más exactamente. Que separaban en cuatro partes ya lo sabía, aunque en España nos ganaban por una, la “biológica”, al menos cuando yo me fui de allí. Así que no era esto lo sorprendente: lo sorprendente fue que sólo recogen una vez por semana, da igual el tamaño de la ciudad. Esto no significa que no pasen camiones todos los días, por las mañanas no por las noches, que lo hacen, sino que lo hacen por rutas establecidas por barrios, de tal modo que por cada calle sólo pasan una vez a la semana: en la mía, los martes.

Los carteros, esforzados ellos, reparten mayoritariamente en bicicleta. Son amarillas, de transporte, con una gran plataforma delante y dos más pequeñas detrás, y con las ruedas desparejas. También reparten, invariablemente, los sábados y la gente de este país, tecnológico como pocos, sigue enviandose cartas escritas a mano, en bonitos papeles de colores y timbradas con preciosos sellos postales.

Hoy nos han dado plantón en el ayuntamiento. La alcaldesa iba a explicarnos a una serie de organizaciones de todo tipo, pero especialmente formadas por extranjeros, sus medidas de integración para ellos, o mejor dicho, nosotros. La reunión no ha tenido lugar. Estando en la puerta, un poco molestos, ha salido la regidora, nos ha saludado amablemente y nos ha pedido disculpas:. Su niña está malita y no quiere dejarla sola. Después, se ha puesto el casco, se ha echado la mochila a la espalda, y se ha marchado, pedaleando, a cuidar a la pequeña, a casa.

Nosotros hemos hecho lo propio.

P.D.: Escrito el veintiuno de marzo

Nieve

Ya no me aburro en Ucrania. Por lo menos hoy. Ayer empezó a nevar, a eso de las cuatro de la tarde y, a pesar de que me prometieron que ya era primavera y lo cierto es que lo parecía con el sol de los primeros días, hemos amanecido con nieve por la rodilla, literalmente. Es impresionante. Y eso que estamos en el centro de una pequeña ciudad, así que no puedo imaginar cómo será en el campo o en la montaña. Si me pongo a pensar cuándo fué la última vez que vi tanta nieve junta, fuera de aquí claro, tengo que dar un largo salto en el tiempo y viajar hasta Somiedo, en la Cordillera Cantábrica, o a Zuriza, en los Pirineos Centrales. En la alta montaña, vamos. Aquí asomas la nariz por la ventana y ves dos palmos de nieve en el alfeizar.

Apesar de lo que pudiera parecer, en Alemania no se ve tanta nieve. No quiero decir que no caiga, que posiblemente sí, sino que no se ve. Por las mañanitas, los días que aparecen blancos, una legión de hormiguitas salen de las casas con unas palas especiales, rectangulares y convexas, escobones y cubitos llenos de sal, y cada una de ellas limpia las aceras frente a la casa en la que vive. De esta manera las calles son más seguras... pero más feas. Y, sinceramente, se agradece. Las calzadas, claro, las limpia y las sala el ayuntamiento. Según tengo entendido, pero lo tendría que confirmar, si voy caminando por la acera y me escacharro por pisar una placa de hielo, podría denunciara la comunidad de vecinos del edificio que se encuentre allí. La policía lo hace de oficio en cualquier caso. Aquí, por supuesto, no limpia la acera ni el tato. Y la sal creo que saben que existe, pero que no guarda ninguna relación con el hielo.

Lo que te encuentras son montículos de arena, como polvo amarillo, para echar al suelo. por lo que he visto, sólo se consigue que se forme una especie de milhoja de hielo-arena que hace más difícil su desaparición. Lo he preguntado, y todos lo confirman... pero cada año siguen apareciendo esos montículos y se siguen embadurnando las calles con él. Lo he visto también en Rusia, así que imagino que será realismo mágico soviético.

Y ahora, voy a coger al fuertote, lo voy a subir a un trineo, y me iré con él a disfrutar de la nieve... de primavera.

P.D.: Escrito el cinco de marzo.

La Canción del Pirata

Pues nada, los sociatas facinerosos que decía aquel ya han puesto en marcha algo que franceses y alemanes llevan tiempo en ello: la criminalización del intercambio de archivos. Y eso que, en varias sentencias, nuestro Poder Judicial dice que no es delito. Bueno, añadir otra voz, afónica por lo que temo, más al clamor se me antoja un poco idiota. Sin embargo quisiera contar una anécdota.

Yo conduciendo un camión por aquellos mundos de Dios. Mi compañía, la radio. Por eso de las casualidades de las ondas, en la carretera en la que circulaba sólo captaba bien un programa de José Antonio Abellán, ni idea del nombre. En él, entre otras cosas, el Sevilla, el cantante de Mojinos Escocíos, decía el código para ver el Plus gratis. No me preguntéis en qué parte había que tatuárselo, porque ni por aproximación lo sé. El caso es que alguien les envió un correo electrónico en el que les decía, poco más o menos: "¡Cabrones! Decís que no a la piratería musical y dáis la fórmula para piratear televisión. Sois unos cabrones" El Abellán, en ese momento, vio la luz y dió la razón al oyente. Pero el Sevilla, desde la ciudad idem, soltó: "Pero es que a mí nadie me ha preguntado lo que opino yo sobre la piratería." Silencio sepulcral en la emisora. Abellán le dijo que la diera, a cara perro, claro. "Estoy completamente a favor." Su argumento iba en dos líneas. La primera era que gracias a ella, la gente conocía su música y, al conocerla, asistía a los conciertos que eran los que, de hecho, le daban a él dinero, no la venta de discos. La segunda era que la gente, cuando él mismo era niño, podía tener veinte discos de vinilo y como otras tantas cintas grabadas; ahora, decía, cualquier chaval tiene como doscientos grabados y unos cincuenta o sesenta originales porque, argumentaba, los mejores discos los quería tener, los familiaries se los regalaban, porque sabían que le gustan esos grupos, y demás. Eso sí, los discos originales eran de los que merecían la pena, no cualquier bodrio de casa de discos.

Por tanto, el Sevilla, músico de profesión, creía que la piratería no sólo no daña a la música, sino que, al contrario, la beneficia. Eso sí, a los músicos especialmente, no a las compañías discográficas.

Otro rato, si eso, hablaremos del cine y la televisión... espero.

Profesores

Tengo, y creo que es una sensación compartida, un sentimiento agridulce con respecto a la UNED. Desde luego, se agradece enormemente que exista una universidad de estas características en España y se agradece mucho más que se puedan hacer los exámenes fuera de España. Es muy agradable, ameno e instructivo escuchar las videoconferencias de los tutores, que no hay que confundir con nuestros profesores, los que crean el temario y nos examinan, que nos corresponden a los "europeos". Y es una impresión difícil de explicar la alegría de volver a estudiar después de un millón de años, con las ganas compartidas con otra gente que está como tú. Un poco lejos, eso sí, pero ahora con esta maravilla moderna que es internet, toda distancia se diluye.

Pero... el maldito pero... descubres que hay profesores que malamente deberían llamarse tales. No hablo de esos que creen que tienen que poner trabas inhumanas para pasar la asignatura, ni de esos pagados de sí mismos que apenas se dignan a contestar un correo electrónico, haglo de esos que nisiquieran tienen la decencia de publicar el libro, su libro, por el que debemos estudiar la asignatura. La gente, como es comprensible, desesperadita, ve como este aparece un mes, un mes, después de iniciado el curso, que dura cuatro, y, claro, todavía tendremos que ver lo que tarda en llegarnos a casa; tal vez otro.

Hay quien dice que esta universidad no es tan cara. Bueno, depende. Yo he sacado números, y entre matrícula, libros y demás, pasaré de los novecientos euros este curso. Y sin contraprestaciones. En el estado en el que vivo, un estudiante paga unos cuatrocientos cincuenta cada dos semestres y puede utilizar cualquier transporte público colectivo, bus y tren, gratis, amén de teatro, museos, bibliotecas... Y en el estado vecino pagan treinta por lo mismo. No sé yo si es barata mi universidad...

P.D.: Hay una norma interna en la UNED que obliga a los claustros a que los materiales necesarios para cada asignatura estén disponibles con, al menos, un mes de antelación al inicio del curso...

Ataque

A ver si alguien me lo logra explicar, porque, muy tonto debo ser, no lo entiendo. Hace unos días leí en un periódico, uno de esos que pertenece a algún grupo de poder mediático y económico, o al contrario que lo mismo da, que habían descubierto, ¡oh, perfidia infinita!, que grupos de inversores de riesgo, pero de esos que tumban gobiernos, se habían reunido en Nueva York con el propósito no escondido de atacar al euro. Vamos, enviar cuatro o cinco matones y darle una paliza. Esos mismos apandadores eran, según este virginal diario, los que provocaron el derrumbe financiero, y de paso económico y social, de Grecia. Y lo que es peor, para el escandalizado periodista, esos malosos pretendían hacer lo propio con los países ibéricos. Y todo eso con el único fin, terrible y oscuro, de ganar dinero. Mucho dinero.

Ahora, claro, los países de la Zona Euro ( he de confesar que puestos a Zonas, me gustaba mucho más el Zona 84, pero eso es otra historia) estan que trinan y preparándose para el ataque de esos malísimos perversos. Y digo yo, ¿no son esos malos los que recibieron miles de millones de euros, de dólares, de libras, hace un año y algo de esos mismos gobiernos?¿No son esos malos malotes los que dejaron los niveles de empleo hechos unos zorros?¿No son esos malos malotes apandadores los que situaron a naciones enteras en quiebra técnica? Entonces, ¿por qué Europa, al menos la de la Zona Euro, sigue permitiendo que su economía, sus finanzas y sus empleos, se decir, que sus ciudadanos estén en manos de gentuza que sólo mira para su propio bolsillo, un bolsillo en el que caben miles de millones de lo que sea?¿No son nuestros dirigentes eso mismo, nuestros dirigentes, para proporcionarnos el bien común a nosotros, sus conciudadanos, y no sólo a unos pocos... la mayoría de esos pocos extranjeros? No sé. Necesito que alguien me lo logre explicar porque soy definitivamente tonto y no lo entiendo.

¡Ah! Esa reunioncita de malos malotes se hace... tres o cuatro veces al año, pero se acuerdan ahora de contárnoslo.

P.D.: Escrito el tres de marzo.

Ukrayina

En los últimos años habré estado en Ucrania como seis o siete veces. Al principio, claro, era muy emocionante: país extraño, con costumbres más extrañas todavía, con una moneda tan débil que lo que yo traía para dos semanas doblaba el salario medio de cualquier lugareño, un caos por doquier y gentes frías, pero, aparentemente, amables. Era una gran aventura venir a estas tierras. Ahora, sin embargo, sólo me aburro.

Debería determinar el por qué, imagino. A bote pronto diría que la amabilidad de la gente ya sé que, en la mayoría de los casos, es sólo interés, y no por mi vida precisamente; que la corrupción está tan extendida a todos los niveles que a estas alturas ya casi no lo llamaría corrupción, sino jungla o caos, da igual; que el idioma es una jerga ininteligible y que es raro, incluso en lugares teóricamente turísticos, que alguien hable algo comprensible; y que mis viajes aquí ya han dejado de ser de descubrimiento para convertirse en una visita a la familia, en el pueblo de siempre y con la gente de siempre... a la que no entiendo.

Así que ahora, símplemente, me aburro. Y cuando pienso en el futuro, ese en el que mi fuertote necesitará venir para conocer sus raíces, aprender su idioma y, supongo, descubrir quién es, tiemblo. Porque, evidentemente, tendré que venir con él para ver cómo conoce sus raíces, cómo aprende su idioma y cómo descubre quién es. Ojalá que para entonces esa tarea sea tan apasionante que me olvide de que en Ucrania me aburro.

P.D.: Escrito el dos de marzo.

El Libro de los Libros

Guido Indij, editor y librero bonaerense, presentó su libro “El Libro de los Libros” en el marco de actividades que el Ministerio de Cultura argentino realiza en la Feria del Libro de Fráncfort.

El libro, o por mejor decir, la guía es una relación de las distintas librerías que existen en la ciudad, unas trescientas cincuenta según Indij. “Eso nos dá una media de 6.000 habitantes por librería” dijo el autor. En el libro, en una primera parte, aparece un listado de esos establecimientos, indicando el tipo de librería que es, si está especializada y en qué, si es de venta de novedades o de viejo, si tiene café o si se habla algún idioma aparte del castellano.

Sin embargo, la guía tiene más. El autor, junto con su equipo de trabajo, proponen en ella una serie de recorridos para visitar las librerías o bien por barrios o bien por lugares de interés, añadiendo un pequeño plano a escala, reseñas de los lugares mencionados y dibujos realizados por el ilustrador Guillermo Dinwoodie. “Soy fotógrafo, por lo que el soporte natural para las imágenes debería haber sido las fotografías. Sin embargo, debido a las características propias de estas, resulta muy difícil captar el espíritu de una librería con ellas, por lo que, en un primer momento, pensamos en realizar un tratamiento con photoshop para dárles una pátina de cómic. En medio de este proceso de decisión, me encontré a Guillermo, artista callejero que vende sus dibujos por dos pesos, ofreciendo su trabajo en una cafetería de la ciudad. Su estilo y su técnica me parecieron perfectas para mostrar el espíritu que quería transmitir.”, explicó Guido Indij. Además, a algunas de las librerías más emblemáticas de la ciudad, se les pidió que sugirieran a algún cliente con una cierta repercusión, como periodistas, escritores, políticos, etc., que escribieran algún pequeño texto sobre ellas.

Finalmente, hay un pequeño espacio para escribir libros sugeridos a modo de recordatorio y otro para apuntar los libros propios prestados porque “no hay cosa peor que pedir un libro que ya ha sido devuelto” bromeó el autor.

El libro-guia ha sido publicado en español y en inglés en la pretensión de que pueda ser utilizado por los turistas extranjeros que visiten la ciudad.

El año que viene, Argentina será al invitada de honor a la Feria del Libro de Fráncfort y para el 2011 Buenos Aires ha sido declarada Capital Mundial del Libro.